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22/07/10
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Competir en los
Juegos Olímpicos es uno de los sueños más recurrentes entre las
gimnastas de nuestro país y de todo el mundo. La fiesta, el desfile, los
estadios y compartir momentos históricos con las máximas estrellas
suelen ser las razones para querer estar ahí. Ana
Destefano: Uñas decoradas y arte en 3D, maquillaje, permanente, tintura y
extensiones de pestañas. Así se presenta. Ex gimnasta, ganadora del
Olimpia de Plata en 1996 y única representante argentina en la rama
femenina de los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. Actualmente se dedica a
la estética y al arte, pero alejada del deporte que forjó su carácter y
su posición ante la vida. Ana
comenzó a practicar gimnasia cuando tenía 4 años, en el club América
del Sur, un club de barrio. “Mis papás no querían que estemos todo el
día en casa, ya que vivíamos en un departamento, así que nos anotó en
varias actividades”, cuenta Ana a
Juguemos Gimnasia. Su
entrenadora, Silvia Ballesteros, vio que tenía condiciones y les propuso
a sus padres que la cambiaran a Vélez, donde había sido contratada y así
empezó lo que Ana llama su “carrera” como gimnasta. “Todavía
me considero una gimnasta, eso nunca se me fue. Una no pierde nunca ese título.
Me encanta el deporte y más la gimnasia”, asegura eufórica, recordando
los mejores años de su carrera que tuvieron con punto máximo la
participación en Atlanta 96, Juegos recordados por la consagración de
las 7 Magníficas y el principio del fin del poderío de Europa del Este. Los Juegos “Mi
participación en los Juegos Olímpicos fue inolvidable. Estar en ese
estadio, compitiendo con las mejores del mundo, la verdad que estuve muy
nerviosa, pero por suerte, di lo mejor de mí. Me dio un poco de rabia las
notas que ponían, ya que al ser Argentina, una sola gimnasta. La segunda
vez en la historia en ir a los Juegos…”, recuerda citando la presencia
de Romina Plataroti y Andrea Giordano en Barcelona 92. El
mejor aparato de Ana eran las paralelas asimétricas. En el mundial de
Puerto Rico había obtenido el puesto 19, con una nota superior a 9.50. “Para
los Juegos, mejoré mucho esa serie y me salió mucho mejor que en el
Mundial, el puntaje fue de 9.275.
La nota de partida no fue de 10, lo cual era equivocado, mi serie sí partía
de 10 y me sobraba dificultad, pero la jueza arbitro la partió de menos y
eso fue algo feo también”, destaca, con rabia por lo que pudo haber
sido pero con la alegría de haber vivido “la experiencia más grande”
de su vida. -
Ese
torneo fue la consagración de las Magníficas 7 y el oro grupal para
Estados Unidos, ¿recordás algún momento clave de la competencia? Las finales no las pude ver ya que como me fue a ver mi mamá con mis hermanos, nos fuimos a Disney luego de la competencia, yo cumplía los 15, y como no tenía amigos a quien invitar en mi fiesta, el regalo fue la semana en Disney con la familia. La despedidaSu
retiro de la gimnasia fue algo estipulado y Ana comenzó a acostumbrarse a
la idea de dejar la disciplina acumulando recuerdos y forjando una forma
de ser que la preparía para la vida. “La
verdad es que fue duro para mi el último tiempo. Muchos viajes y muchos
meses fuera del país sin mi familia, largas horas de entrenamiento,
rendir libre el colegio, ser casi la única gimnasta entrenando con Jorge
(Saez), ya que al ser la única en llegar a los Juegos (Olímpicos de
Atlanta), las demás fueron dejando y era yo sola. Había llegado a lo máximo
que eran los Juegos, quería vivir un poco lo que cualquier adolescente
tiene. Y yo no lo tenía en ese momento. Otro
factor fue que no tenía mucho apoyo por parte de la federación. Cuando
fuimos al mundial de Japón, del equipo que fuimos, no pudimos obtener el
lugar para ir a los juegos, sólo yo obtuve la sexta plaza individual para
ir. Al llegar a Argentina, me dijeron que la obtuve para la Argentina, había
que ver quién iba, tuve que hacer un supuesto selectivo, del cual terminé
participando yo sola, algo ridículo, pero bueno… lo tuve que hacer
igual. Son cosas que a uno lo cansan, que se yo…” Sin
embargo, Ana pone en la balanza los pro y los contra de su carrera y
asegura que de la gimnasia se lleva “los mejores recuerdos”:
- Actualmente te dedicás a la estética. ¿Puede ser que hayas encontrado la parte artística pero no la gimnástica una vez que te retiraste? -
No es que reniegue de eso, al contrario, me encanta, sólo que no tuve la
posibilidad de ejercer mi vocación como entrenadora de gimnasia, ya que
la realidad en este país, es que a los profesores no se les retribuye
económicamente como se debe. Yo me recibí de profe, trabajé varios años
enseñando gimnasia, pero la realidad es que necesitaba un ingreso mayor y
en el área de la estética lo encontré. En este país falta mucho apoyo al deporte, más a los deportes amateurs. Falta apoyo también a la educación, porque el deporte también se inculca en la escuela, en las bases educativas, hoy en día la educación es un desastre, los chicos cada vez se alejan más del deporte y se sumergen en el mundo de la computación, la famosa Play, etc… Antes, un deportista era un héroe a seguir, hoy en día, parece que para sobresalir en la vida tenés que ser un mediático. Está todo muy confuso.
Texto: Ana Cossani / Fotos: personales de Ana Destefano |
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2008