31/05/10 | Karina Oliveira fue una de las integrantes de la Generación Dorada de la gimnasia argentina. Logró clasificar a los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 pero un problema de salud le jugó una mala pasada. Juguemos Gimnasia dialogó con ella sobre su carrera, sus sueños y los obstáculos que tuvo que superar. Un reportaje que se transforma en homenaje a los logros alcanzados y a una vida dedicada a este deporte.


Karina Oliveira es licenciada en Publicidad, ejerció pocos años y actualmente trabaja con su esposo en un centro de copiado. Sus fotos actuales la muestran feliz con su familia, sonriente y apasionada por la vida. Karina fue gimnasta, Karina es gimnasta, porque está unida a este deporte por “el sentimiento, el amor, los recuerdos”.

-    ¿Cuál fue el momento en que te diste cuenta que te querías dedicar a la gimnasia?
- La verdad, la gimnasia es un deporte que se empieza desde muy chiquita, casi sin conciencia de lo riesgoso que es. Se empieza como un juego y el deporte mismo te va llevando a la pasión, el descubrimiento de poder realizar cosas en el aire, el placer del logro cuando un ejercicio sale.

Como en muchos casos, Karina empezó por diversión cuando su hermana practicaba gimnasia en el club Ferro y le enseñó a hacer la medialuna. Su madre la anotó en la escuelita de la institución donde la entrenadora Cecilia Lanzani la “descubrió” y la llevó a su equipo para empezar una carrera que incluyó torneos nacionales, continentales y mundiales.

- ¿Cómo fue tu relación con los entrenadores?      
- Excelente con todos. Nunca tuve problemas con ninguno. Yo empecé con Cecilia Lanzani y estuve con ellas durante mis primeros casi 5 años en la gimnasia. Después estuve entrenando con Arturo Budding y Bety Stevanovich , hasta que finalmente termine mis años de carrera deportiva con el equipo de entrenadores formado por Jorge Saez, Sergio Dizeo y Claudia Barros. La relación debe ser fluida, constante, cercana. Ellos están más con nosotras que con sus familias y viceversa. Nuestros padres tiene que estar en contacto permanente con ellos, informarles todo lo que vivimos, nos pasa, sentimos, porque todo después se traslada a los entrenamientos. A ellos hay que escucharlos, son los que saben, si uno confía en ellos todo es mas fácil. Muchas veces la seguridad se terminaba de armar con alguna frase o palabra de ellos hacía nosotras.

- ¿Cuál fue el torneo más importante en el que participaste?
- El Mundial de Indianápolis (1991), por el torneo en sí y porque me dio el lugar para participar en los Juegos Olímpicos de Barcelona. Al salir en el puesto 18 por equipos nos correspondía dos plazas para los Juegos (los dos mejores puestos  de Argentina ).

La vida le jugó una mala pasada en el camino a los Juegos que se realizaron en España en 1992. Las clasificadas por Argentina habían sido Romina Plataroti y ella. El lugar se lo habían ganado por el desempeño en Indianápolis pero un fuerte dolor en la espalda, que derivó en una operación inesperada, dejó a Karina fuera de los Juegos, justo en el momento más importante de su carrera deportiva.

- ¿Cómo sobrellevaste el hecho de no poder asistir a los Juegos Olímpicos de Barcelona por una lesión?

- La verdad fue durísimo, es una mancha que hoy en día todavía sigue sangrando.  Y no se olvida. Y la impotencia de no tener nunca más en la vida una revancha. Eso es la gimnasia, el ciclo de vida del deporte es corto, muy intenso,  se termina rápido. Pocas gimnastas, y más en nuestras época, llegaban a dos Juegos Olímpicos. Yo terminé muy mal, mentalmente y físicamente. Fui a participar de un Juego Olímpico y ahí mismo me enteré que no podía participar por mi columna, y los vi sentada desde la tribuna y ni siquiera me dejaron estar en la Villa Olímpica. Un desastre para un deportista. Me entrené años para eso, teniendo la ilusión de poder clasificar algún día e ir, y  lo hicimos, por primera vez en la historia de la gimnasia argentina, y quedarte afuera estando ahí es muy duro.

El momento más difícil fue largo, incluyó un torneo iberoamericano en Málaga, previo al viaje a Barcelona. En esa competencia Karina compitió a pesar del dolor que venía acumulando en entrenamientos y logró llegar a la final de paralelas. El dolor era fuerte e intenso en la espalda, casi le impedía caminar. Se fue acumulando entre dudas, miedos y desesperanza y la decisión se apresuró de la mano de sus entrenadores, sus padres y los médicos de la Selección Española. 

“Cuando vieron las placas dijeron que había mucho riesgo si alguna caída era forzada, tenía muy desplazada y fisurada la quinta lumbar. Se decidió ahí mismo que no podía correr ese riesgo a los 16 años”, relata.

Después vino el enojo, la angustia, dejar la villa olímpica mientras los atletas llegaban a su momento de gloria, reforzar el trabajo de abdominales para sostener la vértebra y buscar un lugar donde hospedarse, saltando problemas de respaldo a nivel federativo y demás. A su regreso, Karina fue intervenida quirúrgicamente.

-    Después de esos años fue difícil volver a formar una selección completa, ¿qué te parece que hace falta en la gimnasia nacional?

-    Apoyo económico, reconocimiento, fomentar el deporte. En nuestra época, se hacían exhibiciones con rusos, por ejemplo, en el Luna Park, hoy por hoy ni se piensa en algo así. Hace falta viajar, adquirir experiencia. 

Esporádicamente Karina se reúne con gimnastas de su época para compartir experiencias y recuerdos. Hace unos meses se reencontraron en el Cenard con gimnastas retirados, en una reunión que ella misma organizó.  

“Teníamos ganas de vernos, ya lo habíamos hecho en otro lugar hace dos años”, cuenta a Juguemos Gimnasia. “En diciembre del 2009 nos dieron ganas de juntarnos en nuestro lugar, recordar momentos, situaciones e intentar con nuestros cuerpos actuales y hasta algunos lesionados, hacer algo. Disfrutar de nosotros mismos hoy, de nuestro lugar en la infancia. Fue increíble, muy lindo, sensaciones encontradas”.

- ¿Qué sentiste al estar de nuevo en un lugar de entrenamiento?
-Fue muy raro porque por momentos me sentía que tenía otra vez  14 años. Los olores típicos del gimnasio, los ruidos, los elementos como el magnesio…todo fue parte de los recuerdos. Yo quería hacer todo, pero lamentablemente con mi espalda operada tres veces mucho no pude. Me animé a alguna medialuna, vertical, mortal en cama elástica. La gimnasia es un deporte muy cruel cuando uno deja, porque en tu cabeza tenés todos los movimientos, la técnica, la noción del espacio de cada ejercicio, pero tu físico no responde, y no basta con seguir estando activa físicamente, mantener un estado físico saludable, con gimnasia, aparatos, no alcanza.

En 1997 Karina dio clases en Ferro en nivel escuela pero dejó para dedicarse a sus estudios de publicidad. Por momentos siente ganas de seguir relacionada de alguna manera a la gimnasia, ir a ver algún torneo o enseñar.

-    ¿Te arrepentís de algo con respecto a tu carrera como gimnasta?   

- Sí, me arrepiento de no haberme cuidado más. Yo tenía eso de no parar, llegar al límite con mis lesiones. Lo que empezaba siendo una distensión terminaba en desgarro. Entrenaba mucho, y más el último tiempo, lesionada. Y eso no es inteligente porque se van dañando también otras partes del cuerpo como consecuencia. Y también me hubiese gustado mas “creérmela”, pero ojo, no para el resto sino para mí misma. No tomaba conciencia de lo que podía hacer y lograr y me costaba mucho reconocerlo, nunca me conformaba y era como un objetivo inalcanzable.

- ¿Quiénes fueron tu ejemplo en el deporte?

-    Gabriela Sabatini, fue y es un ejemplo deportivo y humano. Su sencillez, humildad, perseverancia y coraje para dejar el deporte a tiempo. Cuando ya no se divertía, cuando ya la cosa se le hacía muy pesada, decidió dejarlo antes de odiar el tenis. Me parece una decisión sana, y más aún después de sus logros.

-    ¿Uno es gimnasta de por vida?

-Sin duda…SI!

Karina, ayer y hoy. Entrenamiento en GEBA y reencuentro de gimnastas en el CENARD

Por Ana Cossani
Las fotos son del archivo personal de Karina Oliveira.



 

 

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